CRÓNICA
LAS MUJERES MÁS SOLAS DEL MUNDO
JOGE FERNÁNDEZ DÍAZ
(Capital Intelectual - Buenos Aires)
Las aguafuertes constituyen un exquisito maridaje a medio camino entre el periodismo y la literatura o, mejor dicho, un vigoroso cruce de aguas que toma lo mejor de cada vertiente. Del periodismo, por caso, la crónica cincelada en la detallada observación y en la ajustada descripción. De la literatura, a su vez, la libertad en los modos de asociar, decir, intercalar, y la irrestricta licencia de perseverar en el vuelo franco, en la pincelada sutil.
Las aguafuertes así se llaman porque así las consagró para siempre Roberto Arlt, tomando la posta de los clásicos del texto costumbrista (dicen que de los británicos Joseph Addison y Richard Stelle, dicen que de los españoles Quevedo y Lara, más mordaz el primero, más filosófico el otro), y autorizando a otro grande como el uruguayo Wimpi y, más hacia nuestros días, a Emilio Petcoff, Jorge Asís (con su espléndido alter ego Oberdan Rocamora), Daniel Dalla Costa y desde luego Jorge Göttling.
Pues bien. Aguafuerte, crónica costumbrista, crónica de no ficción, pintoresquismo, semblanza, ensayo periodístico, periodismo literario, etcétera, como queramos enunciarlo, los textos de Jorge Fernández Díaz se corresponden con las mejores páginas del género, y eso, porque en Las mujeres más solas del mundo alcanza su máxima expresión un autor demasiado periodista para ser sólo escritor, demasiado escritor para ser sólo periodista, que regala algunas páginas sencillamente deliciosas.
Por ejemplo, sólo para ir llevando, Entrevista con Noemí, Ultimas noticias de Olga Cueto, El creador de historias, Escribir hasta el último segundo y Peronismo Hollywood, incluso a pesar de que las opiniones políticas de Fernández Díaz no son lo más interesante de su bagaje.
Que se entienda: formular una declaración de principios ideológicos no está ni bien ni mal per se, depende del contexto, del propósito y de los modos, pero en lo que atañe a Las mujeres más solas del mundo se revela claro de toda claridad que el autor fluye, persevera y ensancha su horizonte con especial pericia cuando se siente a salvo de ciertos imperativos. Cuando desaparecen del escenario los moscardones de la toma de posición y suelta las amarras de una mirada enfocada en el personaje, en el personaje y sus circunstancias, en el personaje, sus circunstancias y eventuales moralejas que se valen de la primera persona del singular sólo al servicio del clima gestado. Del indispensable tejido que tanto abraza al observador como al observado.
Desde esta perspectiva, El vuelo del ángel, acerca del célebre homicida Carlos Eduardo Robledo Puch, bien puede ser tomado como el punto culminante de un libro de piso muy alto, de un libro sin grietas, de uno de esos libros que se leen con la intermitencia propia de lo que siendo disfrute puro invita a una degustación demorada.
© LA GACETA
WALTER VARGAS